Yo vivo en Buenos Aires

Crónicas de nada 

Seis años

Pienso en mi hijo. D. tiene tres años. Pienso también en todo lo que de este asunto queda por delante.
Unr compromiso a dos años.
Un año más para estabilizarme del compromiso anterior.
Puesto así no parece tanto, pero, D. va a tener seis años. Y nada plasma el paso del tiempo como D., que crece cada vez más rápido.
Con todo esto pienso también si alguna vez me va a perdonar el no estar como antes.
Seis años. ¿Qué dirá de todo esto cuando tenga seis años? Me acuerdo cuando yo tenía alrededor de seis años y no quiero que que los de él sean iguales a los mios.

Comments [0]

Un poco de lluvia

Hoy nos vimos, llegué tarde. Hay mucho que aprender todavía sobre cómo viajar desde el microcentro hasta ahí pero, ya está. Lección aprendida.

Jugamos un poco. Te acompañé durante la cena y después, al agua. Estuvimos un rato en el patio y no importaba que algunas gotas chiquitas todavía caían. "Me gustan las gotas de lluvia", dijiste. Había poca luz, pero ahí estábamos. Juntos.

Pero hoy fue distinto a otras veces, hoy preguntaste. Hoy hablaste sobre cómo te sentís.

"¿Por qué te vas? - No quiero que te vayas."

"Estoy triste porque te vas."

 

Comments [0]

Acróbatas

Me molestan bastante los viajes largos en colectivo cuando los hago solo. No por el viaje en sí, sino porque te obliga a darle un poco más de vueltas a eso que te quema en la cabeza. Si vas parado ¡Es peor! No hay nada que puedas hacer para entretenerte y esquivar por un rato esas ideas. Ni libro, ni chat, ni nada. Podés escuchar música, pero eso no captura completamente la atención, al menos en mi caso. Hice la prueba con un disco nuevo (para mí) y no funcionó, la neurona, empecinada, seguía aferrada a su asunto.

Pero llegué, con acróbatas, y vos cambiaste eso.

 

Comments [0]

A mi único/a lector(a)

Sé que estás ahí, que cada tanto venís y lees lo que escribo. Bueno o malo lo lees.

A vos te digo: decime algo, escribime algo. No te creas, único lector(a), ajeno/a al conjunto de cosas que me inspiran. Quizás vos  formes parte de ese conjunto de cosas que toca esa cuerda que me hace vibrar y escribir parar vos, único/a lector(a).

Porque sé que estás, que te asomás tímidamente a estas páginas, te animo: escribime, comentame.

Comments [0]

Hace un rato

Hace un rato tuvimos, creo yo, la charla más seria en estos tres años. Ya no vamos a vivir juntos, nos vamos a ver menos, vamos a hablar más. No sé si entendiste todo lo que hablamos, pero es importante que sepas que yo estoy, sin importar las distancias ni el tiempo. Sabé que no hay horarios ni impedimentos para que cuentes conmigo.

Este cambio grande que te toca vivir no cambia mi amor por vos. Porque desde que vos llegaste a mi vida, desde el primer momento en que te ví, supe que mi vida y mi amor ya no eran míos, sino tuyos hasta siempre, mientras los quieras.

Pienso mucho en vos. Te quiero como a nadie más.
Un abrazo fuerte como de oso,
Te quiero mucho.

Comments [0]

Buenas Noches

Mirá, por acá hay una tormenta que para qué te cuento. Por momentos parece que el agua se enoja, y con ayuda del viento, golpea la persiana haciéndome abrir los ojos.
No hay truenos ni relámpagos, pero se escucha cómo cae el agua. Parece que fuera la última tormenta.
Pero creo que todas son así, con pinta de última.
Claro que de esto certeza no hay. La vida sería más clara si supiéramos que esta tormenta es la última.
También podemos especular, y decir que tormentas de esta magnitud se viven sólo una vez en la vida.
Ya con eso podemos irnos a dormir tranquilos.

Buenas noches.

Comments [0]

Genghis Khan

Sin temor no hay valor. Sin cagazo no hay impulso.

El miedo es lo que podría devenir en valentía. Sin miedo, la actitud de valiente es solamente una actitud sin valor agregado. Con las gambas temblando, dominando la voz con mucho esfuerzo; animarse a hacer/decir es un salto gigante que parece irrealizable cuando estás tomando impulso. Mientras estás en el aire, el extremo opuesto es, con certeza, inalcanzable. Cuando te encontrás, sin saber cómo, del otro lado, ya no hay vuelta atrás.

- ¿Y después? - Preguntó Diego, paralizado.

- Después sos Genghis Khan - Le respondí con una mueca, casi un sonrisa.

Comments [0]

Sin

Escribir sin dirección. Sin sentido ni orientación. Sin brújula.

Lo único que se necesita es esto, una palabra, después otra, otra; eslabones unidos por una distancia pequeña pero suficiente y necesaria para ser palabra.

No sé vos pero yo soy palabra y, como estas que están acá; no conozco a quién me escribe, no sé cuándo me nombra y me hace ser por breve instante o me escribe y me da forma para durar un poco más con la posibilidad de inmortalizarme.

Como cualquier palabra puedo ser tachada, borrada, rectificada, reemplazada. No hay nada que una palabra pueda hacer para que algo o todo eso no suceda, y luchar porque no pase es tan inútil como hacer fuerza para ser la palabra elegida. También puedo estar al lado de otra palabra, a la que podría dar significado (o ella a mí) y ambos formar parte de un contexto.

Pero tengo, sobre otras palabras, la ventaja de pertenecer a una lengua viva; de servir de raíz para formar una nueva palabra que en ocaciones, según cómo la nombren o la escriban, me hará presente, generalmente como sufijo; aunque me transforme en palabra obsoleta y aparezca etiquetada como tal en el diccionario.

Comments [0]

Metropolis pt.3: The Sleeper a Victoria (o Victoria la turra)

Victoria:
Después de todo lo que pasó tengo la imperiosa necesidad de escribirte estas lineas, en las que pretendo, luego de conocer cada ínfimo detalle de la historia, aclarar mis pensamientos, recuerdos,sentimientos.
Atravesamos momentos duros en nuestra relación. A tal punto que el juego y el alcohol le ganaron terreno a nuestro amor. Tímidamente pretendía que estuvieras ahí para ayudarme, para decirme la verdad sobre mis adicciones. Sin enojos, pero sí hablando de esto y llegando a la mejor solución juntos. Quizás si las charlas hubieran sido tales en lugar de ser ni más ni menos que violentas discusiones hubiéramos evitado para ambos el trágico final que encontramos.
Pero no, tenías que ser la más turra y acostarte sin medir consecuencias con el turro ese de mi hermano. Gracias a vos y a la habilitación de tu entrepierna al hijo de puta ese terminamos los dos con un par de corchazos.
Yo me equivoqué, lo admito. La adicción al juego y al alcohol no son las mejores bases para una relación. ¿Pero vos? Peleamos y fuiste corriendo a cojer con el sorete de mi hermano. Tan sorete es que lo quisiste dejar a él y terminamos los dos viendo pasar gusanos bajo tierra.
Claro, la señorita sensible se sintió vulnerable por el mal momento. Y, pienso ¿Eso hace que se te caigan las bragas?
Todos te lloran en "through her eyes", pero vos nos pusiste aca, gran puta.


The Sleeper.

-----------

Si no entendiste, date una vuelta por acá:

http://argensteel.bb2.org/index.php?showtopic=34359&hl=metropolis

Comments [0]

La amabilidad en Buenos Aires

En Buenos Aires la amabilidad no ocupa el primer lugar entre nuestras prioridades, algun porteño que otro, cada tanto, deja ver el ser humano que lleva dentro y; cede asientos en bondis y subtes, deja pasar a los viejos en la escalera mecánica del subte, y/o ayuda a alguna que otra persona que tiene que subir un cochecito de bebé o changuito por la escalera del subte.

Pero la amabilidad en Buenos Aires tiene patas cortas. Si te corrés para dejar pasar primero a una pareja de ancianos que quiere subir la escalera mecánica, ¡Fuiste! Una vez que pasaron los viejitos se te meten adelante un promedio de tres a cuatro personas. Si cedés el asiento ¡Fuiste! Seguramente cuando la chica embarazada se baja, alguien te gana el asiento. Una sola vez pasó que me dijeron: "No no, sentate que estabas vos".

Ahí es cuando se acaba la amabilidad. Ahí es cuando la sensación de ser Humano se convierte en ser Otario. Donde la cultura canuta porteña sale a la luz. El amable es un logi, un ser débil del que hay que aprovecharse. Esa es la posta. Eso se ve todos los días. Haga la prueba, sea amable y viva en carne propia el boludeo porteño.

Comments [0]