Yo vivo en Buenos Aires

Crónicas de nada 

La amabilidad en Buenos Aires

En Buenos Aires la amabilidad no ocupa el primer lugar entre nuestras prioridades, algun porteño que otro, cada tanto, deja ver el ser humano que lleva dentro y; cede asientos en bondis y subtes, deja pasar a los viejos en la escalera mecánica del subte, y/o ayuda a alguna que otra persona que tiene que subir un cochecito de bebé o changuito por la escalera del subte.

Pero la amabilidad en Buenos Aires tiene patas cortas. Si te corrés para dejar pasar primero a una pareja de ancianos que quiere subir la escalera mecánica, ¡Fuiste! Una vez que pasaron los viejitos se te meten adelante un promedio de tres a cuatro personas. Si cedés el asiento ¡Fuiste! Seguramente cuando la chica embarazada se baja, alguien te gana el asiento. Una sola vez pasó que me dijeron: "No no, sentate que estabas vos".

Ahí es cuando se acaba la amabilidad. Ahí es cuando la sensación de ser Humano se convierte en ser Otario. Donde la cultura canuta porteña sale a la luz. El amable es un logi, un ser débil del que hay que aprovecharse. Esa es la posta. Eso se ve todos los días. Haga la prueba, sea amable y viva en carne propia el boludeo porteño.

Comments [0]

Las quejas en Buenos Aires

Durante el año acá, como en todo el mundo, se pretende celebrar días NO.
* El día de no llamar
* El de no prender la luz
* El de "saltemos todos al mismo tiempo para mover el mundo" (no es tan NO pero tenía que alargar )
* El nefasto día Libre de humo
La lista podría ser lunga, pero acá se queda.

Lo que no tenemos en Buenos Aires es el día libre de quejas. Sería algo imposible de implementar en esta ciudad, ya que uno de los deportes autóctonos de Buenos Aires es la queja.
Está tan desarrollado este deporte que no existe situación alguna que no amerite una queja. Algunos ejemplos:
Calle X rota: Cómo puede ser! Esta calle está siempre rota!
Calle X en reparación: Eh! Pero hasta cuando va a seguir cortada esta calle!
Invierno: Eh! Pero qué frío insoportable!
Verano: Eh! Pero qué calor insoportable!
Otoño: Qué tiempo loco! A la mañana fresco, a la tarde calor, y a la noche fresco!
Primavera: Idem

Eh! Al final... Acá todo el mundo se queja pero nadie hace nada!

Comments [0]

Fauna porteña II: El metalero

Durante mi adolescencia fui (algo de eso queda todavía gracias a un tocayo) metalero. Es increíble ver en algunas décadas cómo surgen nuevas tribus urbanas con nombre nuevos o retomando viejos y agregando la palabra neo adelante.

Excepto la tribu metalera, el resto cambiaron. Hasta los punks cambiaron (¡punks eran los de antes!). Unas se extinguieron pasando sin pena ni gloria. Otras parecen haberse subdividido hasta desparecer y formar esto que se conoce como emos, floggers ,etc. Aparecieron los cumbiancha, los reguetoneros (¡puaj! y ¡puaj!¡puaj! respectivamente).

El metalero no. El metalero es el mismo. El metalero ese ese animal bestia lleno de nobleza y bondad, que no duda en bajarte el comedor si hablás mal de V8 o de Hermética (ponele). Sigue siendo un animal de costumbres de antaño, donde zepelin o sabat (lo escribo como yo quiero) forjaron la base para que hoy bandas como Megadeth suenen como suenan (o sonaban, antes estaban mejor).

El metalero es, en general, tolerante en cuanto a las agresiones (aunque nunca falta un boludo ¿Viste?), pero si te vestís de fucsia no esperes que no se cague de risa (o sea... ¿fuc-sia?).

En cuanto al aspecto; sucio, desprolijo e intimidatorio; es sólo el aspecto, ya que dentro de este ser que parece salido de una caverna y que te fuerza a cruzar la cuadra, se encuentra un boludón que disfruta jugar los domingos con sus sobrinitos. Así que lo de intimidatorio queda desmentido.

Hasta acá la descripción cientifico-desvariante del metalero porteño, mezcla de gaucho y guapo del novecientos. Y como dice el primeramente mencionado: Stei jevi.

 

Comments [1]

El sueño en Buenos Aires

En Buenos Aires el porteño no sueña cuando duerme. La velocidad cotidiana con la que vive hace que no sueñe. Algunos adeptos oscurantistas a la psicología dicen que es imposible no soñar; que, en todo caso, el soñador no recuerda lo soñando.
Pero todo esto es mito para el porteño. Como diría un conocido (del que no recuerdo su nombre): No Aplica.
Acá se sueña despierto, mientras vas en el subte. Mientras esperás el bondi. Los casos más graves de este mal que afecta a la ciudad forman parte de la tradición oral. Se transforman en leyendas y pasan de generación en generación.
Yo sospecho que lo que en estos relatos cambia es el medio de transporte. Me imagino, por ejemplo, que a mi abuelo, su abuelo, no se lo contó mencionándole subtes. Como yo no se lo contaré a mi hijo mencionándole tranvías.

Ahora, ¿Por qué digo que soñar despierto es un mal? Basta con echar un ojo a la historia Argentina para darse cuenta a qué me refiero.Tranquilo mi único lector/a, no vamos a tomar prueba de historia. Cada uno es responsable sobre cuánto conoce de nuestra historia, y qué hace con eso que conoce. Sea mucho o poco, ese saber es la herramienta para reconocer en el presente lo que en el pasado nos hizo mal.
No hace falta saber con precisión fechas y años, pero sí tener una leve impresión de los hechos y sus protagonistas y las consecuencias de esos hechos.
Seguro, la historia del pueblo romano puede ser sumamente interesante, como también la de los poblados celtas o persas. Pero la historia Argentina está cargada de héroes. De Soñadores traicionados por quienes en algún momento aprovecharon la pasión del gil y destruyeron todo lo que juraron defender.
Como hoy.

Comments [0]

Fauna porteña

El pájaro tiracables.
Dados los avances tecnológicos y que en esta ciudad nada es gratarola, la fauna porteña está obligada a ganarse el pan de cada día.
El caso de este singular ave es uno más junto al de los motoqueros, tacheros, bondiseros y remiseros, que peregrinan la ciudad en busca de presas fáciles.

Comments [0]

Kit porteño de supervivencia laboral

Quizás para algunos sea una trivialidad, o más aún, algo totalmente desconocido. Pero para los que permanecemos cautivos ocho horas por día de lunes a viernes frente a un teclado y monitor la compañía de unos amargos y, cada tanto, uno que otro parucho, es lo que hace que esas ocho horas cobren una ligereza difícil de lograr con café y caramelos. Cuando empecé mi carrera laboral, hace unos trece o catorce años, tomar mate en la oficina era impensable, ¡Como pegarle a la madre! Eso sí, podías fumar tres atados de veinte de paruchos que nadie te decía nada. La sala de cómputos parecía londres, por el humo y porque apestaba*. mucho después fue cambiado la cosa, ya no se podía fumar en cualquier lado, y el mate era para los que laburaban de noche (como yo).

Con el tiempo ya no se pudo fumar en ningún lado, excepto ¡Afuera! Notable también fue el cambio con respecto al mate.

En mi experiencia, los primeros laburos en los que se podía tomar mate (y hasta compartir alguno que otro con un compañero) fueron en multinacionales. Sí. En multinacionales. Claro, caían en Argentina y de alguna manera tenían que hacerte sentir que no estaban solamente por el abaratamiento de costos, entonces te dejaban tomar mate y, como puse antes, ¡Compartir! Este ejemplo fue adoptado luego por empresas locales. Suena tan raro, trabajar en una compañía local y que no te dejen tomar mate. Trabajar en alguna yanqui o gallega y que pudieras tomar mate libremente.

No, si la tenemos atada. Tomamos todo de afuera, hasta la costumbre de tomar mate en el laburo.

*No es nada personal con londres, pero como dice la canción: "El que no salta es un ..."

Comments [0]

Buenos Aires vs. Cronos

Buenos Aires es una ciudad dominada por el tiempo. Todos los que vivimos y/o trabajamos en la ciudad porteña tenemos las agujas clavadas en la frente (en el caso que te sientes con la frente). Tanto así que por ejemplo ayer, salir del microcentro en veinte minutos era algo imposible para los que somos habitués de la línea B de subte. Pasadas las siete y media de la tarde, en las bocas de subte de la línea B se podía leer: "Interrupción total del servicio por una persona accidentada". Todos pueteamos porque ya era imposible cumplir nuestro compromiso con Cronos. Algunos suspendimos la sesión con el psicólogo, otros seguramente llegaron tarde para nerpo. La cuestión es que todos puteamos porque se nos hacía cada vez más tarde, porque: "¿Y ahora qué hago para salir rápido del centro?"
Así es Buenos Aires, poco nos importó la persona accidentada. Vivimos "conducidos" (¿manejados te gusta más?). Tan pero tan apurados que no miramos al costado. No pensamos que lo mismo que afectó al accidentado/a nos afecta a nosotros todos los días.
En Buenos Aires se piensa poco, claro, no hay mucho tiempo para eso. Hasta me atrevo a decir que acá el único accidente que vale la pena nuestro tiempo (si es que algo como eso se puede decir de un accidente) es el que se ve. Como el de la autopista por ejemplo. No dudamos ni un segundo en bajar la velocidad para ver el palo del que no la bajó y por eso se dió el palo. Eso sí, la ayuda es problema de dios, que es argento y porteño, no de los que pasan lento, mirando, entorpeciendo.

Comments [0]

Hola...!

El saludo en Buenos Aires tiene algo distinto a la forma de saludar que se usa en el interior. No hay ese respeto amistoso que abunda en otros páramos. Nos saludamos con el cuidado de que no nos tomen por personas con tudos en el pelo. Es más, sabemos que cuanto más bonachón el saludo más nos va a doler sentarnos al rato.
Entre conocidos la cosa cambia. Cada parte saludante tiene casi la obligación de demostrar que la tiene más larga que todos. Algunos incurren en el saludo con onda, ese que se hace con la mano inclinada como para jugar una pulseada, bastante detestable por cierto, porque onda no tiene y convengamos que a la altura de los tiempos que corren es saludo de viejos.
No estoy seguro si decimos "hola" para saludar, para el uso cotidiano es más un "holaaaa" estirando la "a", como se ve en el ejemplo; o "buenaaaaasss" para seguir con el ejemplo anterior. Preguntamos cosas como: "¿Cómo vá?" "¿todo bien?". El caso del "¿Cómo andás?" o el "¿Qué hacés?" es un poco diferente, siempre va acompañado de algúna etiqueta como: nene, máquina, "mostro"; o algo por el estilo que se acostumbre. Lo difícil de este tipo de saludo es que tenemos que tener una etiqueta para cada persona que saludamos en el momento. Suponiendo que vas a la casa de Juan el popular, estás fregado. Cien etiquetas sin repetir y sin soplar no se le ocurren a cualquiera.
Si acaso no conocés Buenos Aires, no saludes a extraños. En Buenos Aires no nos tratamos bien. Si alguien que no conozco me saluda, en el mismo instante que pronunció la H de hola tengo la certeza que algo me va a pedir/sacar/chorear o que está mal del balero.

Comments [0]

Territorio

Anoche salí al balcón a fumar un pucho, tenía tiempo, mi mujer estaba bañando a mi hijo. Vivo en un edificio de departamentos, en un piso bastante elevado, en una zona que es de las más altas, en cuanto a terreno, de la ciudad.

Era de noche y esta vez llamó mi atención el barrio. Me acordaba cuando llevaba el auto (porque antes tenía auto) a un garage que está a unas tres cuadras de casa y era de noche como esa noche. Cuando volvía caminando, durante las primeras dos cuadras y media me invadía la sensación de estar caminando por un lugar ajeno. Por un lugar fuera de mi lugar. La última cuadra, la más larga (porque mi barrio es así), también me daba esa sensación; hasta que llegaba a la esquina. De ahí en más el fantasma de estas-fuera-de-tu-zona se quedaba atrás, como frenado por una pared que protege mi calle, mi territorio.
¿Hasta dónde llega esa muralla que me hace sentir seguro cuando camino de noche por el barrio?

Comments [0]